jueves, 1 de noviembre de 2012

Sobre el blog

Este blog está dedicado a mi faceta literaria. La literatura es una de mis grandes pasiones. Mi primer escrito extenso fue un diario de viajes. Este fue hecho en el contexto de un viaje a Bambamarca(Cajamarca) cuando tenia 8 años. Luego, al entrar en la secundaria, quise hacer poesía, - la cual no hacía muy bien que digamos- .  Así pues me di cuenta que lo mío no era el ser poeta. Quise hacer una novela, una obra de teatro pero sentía que no me salían muy bien. Fue cuando de repente ojeando una revista decido transformar un relato a mi manera. Asì comencé a formar que tal si este personaje fuese de esta manera y no como está en el libro. Comencé a transformar los cuentos de hadas, metí personajes extraños en estos , un tipo que queria ser presidente del Perú llega a un reino de cuento de hadas... un hombre de rasgos extraños (muy comunes para nosotros) entra a un cuento medieval y lo confunden con un habitante de las lejanas indias o de las tierras del Preste Juan... Así pues lo mío fue destrozar relatos y cuentos ajenos. En paralelo empiezo a hacer mis primeros relatos con personajes que tienen su propia trama.Un autor que me marcó profundamente fue Julio Ramón Ribeiro, un cuento en especial de este autor: Por las azoteas. Cuando lo leí sentí que tambien hablaba de mi. Pronto de decanté por el realismo, por eso es que la mayoría de mis cuentos están inspirados en la realidad que me envuelve diariamente. En busca de inspiración salgo los fines de semana cámara en mano a retratar la realidad, manifestaciones, marchas, huelgas y todo lo que se me cruce en el camino es grabado y es que simplemente:
 "No hay nada mas fantástico que la realidad". Quedan ustedes invitados a leer mis cuentos,  dejar sus comentarios hayan disfrutado o no de ellos.

lunes, 29 de octubre de 2012

El numero jamás marcado.

                      
                                                               1
Al borde de la desesperación, Guillermo, fue a hablar con el profesor de Historia. Esperaba que se apiadase de él y que entendiera su situación. Era el último año en el colegio y no podía darse el lujo de desaprobar ningún curso. Después de una larga conversación, el profesor le dio una última oportunidad. Tenía que hacer un informe acerca de la exposición de las culturas del antiguo Perú del Museo de la Nación.

¿Todas? – preguntó Guillermo, algo mortificado. 

TODAS –Respondió el profesor.

Así su destino estaba marcado. Frustrado veía como se le iban  de las manos aquellos planes para el fin de semana que ya había programado con sus amigos. Gerardo y Ernesto estarían el sábado en Larco Mar con sus skates mientras que él tendría que pasarse el día entre ceramios y maquetas.

                                                               2                                                       

 - Todas esas cosas ya pasaron, no entiendo que importancia tienen, yo voy a estudiar Administración de Empresas, no tengo necesidad de saber estas cosas, ¿De que me sirve? además yo no tengo ninguna relación con los que hicieron todo esto, mis antepasados llegaron después. -Se decía mientras escribía en su cuaderno una descripción del Señor de los Báculos-. Empezó a recordar la historia que le contó su padre acerca de cómo su tatarabuelo llegó al puerto del Callao hace más de cien años desde el Piamonte en Italia, de las peripecias de su abuelo materno que llegó desde Yugoslavia después de la II Guerra Mundial.


Un bullicio tremendo estremeció la sala interrumpido casi inmediatamente por un sonoro shhhhhhh. Era un grupo de escolares que llegaba. Alborotadores y gritones empezaron a formar y hacer cola. Guillermo los miró con indiferencia, para él, simplemente era un grupo de chicos de algún distrito de los conos de Lima, distritos los cuales él nunca ha conocido pero si había escuchado en los noticiarios o de la boca de alguna de sus empleadas.


Inmerso dentro de sus propios pensamientos alguien de ese grupo llamó poderosamente su atención, era una chica…


                                                                        3

Paola,  siempre se caracterizó por ser resuelta y decidida. Nunca tuvo enamorados dentro del colegio siempre los encontraba fuera. Sentía, en parte, que ninguno de los chicos de su salón y en general del colegio tuviera la energía suficiente. Invariablemente los veía algo acomplejados, en realidad, ella era muy democrática, que si bien es cierto sentía una especial atracción por los  chicos blancos y altos siempre dejó la opción a que cualquier chico la pudiera conquistar. Mientras iba creciendo se daba cuenta que era atrayente para los varones, pero que a la vez estos no se atrevían a acercarse con tanta confianza como si lo hacían con sus amigas. Era como si algo los intimidara, y es que Paola, siempre tuvo un carácter especial. Sus padres siempre le enseñaron a que debía estar orgullosa de quien era y de donde provenía. Esto daba la impresión que era una chica con carácter fuerte, segura de sí misma lo cual combinados con sus rasgos físicos proyectaba cierto aire de inaccesibilidad aunque no de arrogancia ni pedantería. 

- ¿Tú eres de San Juan de Lurigancho? No parece.

Le decían cada cierto tiempo. Estaba harta de ver las caras de sorpresa que ponía la gente cuando mencionaba su lugar de residencia. Pero no le importaba… al menos no totalmente. En realidad sentía una pequeña incomodidad cuando le decían eso, era como si no llenara las expectativas de la gente.

                                                                          4 
Gran parte de los chicos no tomaba ningún interés  a lo que el profesor decía, miraban con cierta curiosidad y hacían algunas observaciones respecto a ciertas características de los objetos vistos pero eso era todo. La gran mayoría de ellos no veía la conexión que existía entre la gente que hizo esos materiales y ellos, es mas ni siquiera se la planteaban. Todos esos nombres les sonaban conocidos pero lejanos: Caral, Chavín,  Nazca., Wari, Chimú…  sin embargo alguno que otro recordaba los huacos que había encontrado cuando iniciaron la construcción de su casa o en sus viaje a la sierra a visitar a su familia. Paola se encontraba entre ellos,  también había visto cosas similares en los viajes que había realizado a Celendín, con su madre, cuando iba de visita a la casa de sus abuelos. Siempre tuvo curiosidad de saber sus orígenes pero sus abuelos no le podían dar mayor referencia simplemente no lo sabían. Más allá de su bisabuela de ojos zarcos todo se perdía en la arena del tiempo. Algunas veces ella imaginaba que sus ancestros habrían llegado desde algún punto de Europa tantos años atrás que ya nadie lo recordaba, si de Europa ¿de donde mas podría provenir? ¿De España? lo más probable. Pero también tenia ancestros indígenas, su padre que también era de Cajamarca pero de la provincia de Bambamarca le contó que su abuela era cholita y bajita- según sus propias palabras- . Tal vez descendiente de los Caxamalcas, los netos del lugar, según decía su padre en un arranque de nacionalismo.

- Disculpa, ¿pero puedes decirme la hora? – Escucha ella- Era la voz de un chico la que interrumpe sus pensamientos.


                                                                      5 
Guillermo y Paola están sumergidos en una conversación. Había una atracción mutua, la conversación no dura mucho tiempo, pues es hora que Paola regrese con su grupo.  Guillermo le pide su número telefónico y su correo electrónico y ella se los da.

-¿Participas en alguna ONG?, Pregunta él

-No, en ninguna. Son mis compañeros del colegio- responde ella-


-¿Dónde vives?

- San Juan de Lurigancho.- le responde sin miramientos. Paola sintió la misma incomodidad de siempre. Le dieron ganas de decir ¿Qué tiene que ver que viva en San Juan de Lurigancho? Pero calló. Se despidieron ella volvió con su grupo y él a la monotonía de anotar líneas sin sentido.


                                                                        6

Ya en casa  Guillermo terminaba de escribir la última hoja de su informe. Enciende el televisor empieza a cambiar de canal. No encuentra nada interesante. Va hacia la ventana .Desde el 5to piso de aquel edificio de apartamentos en Miraflores escucha los  ruidos de la ciudad y observa las hileras de autos que parecen dirigirse hacia el sol rojizo y decadente que va cayendo. Se acuerda de Paola. Mira hacia donde el cree que está el distrito que le dijo. Empezó a imaginarse un lugar peligroso, un lugar el cual jamás podría ir, al menos no solo. Recordó que para la navidad del año pasado algunos de los  juguetes que fueron donados a la parroquia donde hizo su confirmación fueron donados a los niños pobres de San Juan de Lurigancho. Fue hacia su escritorio sacó el papelito donde había anotado su correo electrónico y su teléfono. Los miró por un rato. Cerró la palma de su mano hizo una pequeña bola con el papelito y lo arrojó al tacho de basura. No fue un buen tiro. Allí quedaron botados en el frío suelo la dirección electrónica y el número jamás marcado.

                                   


                                                    FIN

Microrrelatos

            Esto no es un cuento                          
-¿Cómo se abre un cuento? -Me preguntó el poeta.
 Su pregunta me dejo frío. No sabia que responderle.
 T
enía muchas ganas de ser escritor, la literatura me apasionaba pero la realidad de la vida y  la presión familiar, me desviaron de mi camino, yendo a parar a la facultad de derecho de una no muy prestigiosa universidad. Ya no había marcha atrás mi destino estaba marcado con fuego, seria abogado.
Por fin,
con aire de autoridad, pues él era el que estudiaba literatura y no yo, dijo:¡Esto no es cuento!, es sólo una narración.

                                               Limbo
Era la primera vez que una historia le provocaba tal reacción. Cuando terminó de leer simplemente dijo: ¡Maldito! , mientras daba un brinco fuera de la cama  .De hecho, era como la protagonista de aquella historia: su vida era como un rompecabezas con piezas faltantes. Estudiaba en la universidad pero no a la que en realidad quería, estudiaba una carrera pero no la que realmente deseaba, tenia enamorado pero no era exactamente como ella había imaginado.
-Y pensar que vivo en una quinta del centro de Lima – Pensó mientras miraba por la ventana hacia la Av. Arequipa resignada.

La chica del cerro



 Un domingo en la tarde me encontraba parado frente a un kiosco de periódicos.
Como siempre  los diarios chicha mostraban en sus coloridas portadas calatas, muertes y más calatas. Fue en esos momentos que noté que a mi costado se encontraba una chica de cabellos negros, largos y lacios, que aunque de facciones finas, tenía la tez trigueña casi marrón. Era la perfecta mestiza, una chola power.  
- Así deberían ser todas las mujeres en el Perú- pensaba mientras la contemplaba embelesado-.  

Di unos cuantos pasos hacia atrás para poder observarla sin que ella se diese cuenta, allí pude notar que estaba acompañada  por una chiquilla de unos 11 o 12 años de edad, - Tal vez sea su hermana-pensé-.    ¿Por qué esta atracción tan repentina hacia esta chica? 
   
La miraba fijamente y con detenimiento, pues sabía que nunca más la volvería a ver.  Mi meditación fue interrumpida  por dos sujetos con la inequívoca pinta de galanes de pollada bailable. Uno de ellos se queda mirando de lejos, mientras que su compañero se acerca hacia la chica y le empieza a hablar. Al parecer entre ellos hay algo más que una simple amistad ya que la charla es muy amena y ambos sonríen y comparten miradas cómplices, como si guardaran un secreto mutuo.  

-¿Quién es tu amigo?-Preguntaba ella con  coquetería -¿Por qué no se acerca?
- Pero que coqueta había resultado ser esta chica –pensé yo-  
Tenía muchas ganas de escuchar lo que ellos conversaban pero no podía acercarme mucho, aunque tampoco estaba demasiado lejos,  sólo atinaba a escuchar cabalmente algunas palabras solitarias que no poseían mucho contenido para entender la totalidad de la charla.
       
 Terminan la conversación y él, aprovechando las circunstancias, le da un beso en los labios, ella no atina a decir más que un simple y sonriente: ¡ooooooooye¡
          Él se retira y ella se queda sola con su hermana, repentinamente se da cuenta que es tarde y que tiene que volver a su casa. Agarran su bolsa llena de cosas que han comprado del mercado y toman el primer mototaxi que encuentran. Suben  y el chofer arranca.
      Me quedo observando como se va alejando el vehiculo, intrigado por aquella chica, cuando de repente me entra una gran curiosidad por saber donde vive, sin pensarlo dos veces, empiezo a correr y a perseguir el mototaxi.
Mientras voy corriendo me doy cuenta que el camino se hace cada vez más y más empinado, voy observando a la vez el típico paisaje de un barrio de cono de Lima , casas a medio acabar, niños jugando descalzos en las calles, gente tomando cerveza enseñando sus panzas cheleras.  Sudoroso, cansado y casi sin aire al fin veo que el mototaxi se detiene.
Rápidamente me escondo detrás de un tanque de agua.

Bajan.
El mototaxi se aleja.
Apenas tocan la puerta sale una señora que les grita por la demora, tenía un acento aquechuado, sureño, tal vez cuzqueño o ayacuchano. Entran  y yo salgo de mi escondite, me acerco a la casa. Ésta era pequeña, de una sola pieza, construida con material noble y las paredes estaban sin tarrajear ni pintar. La puerta estaba gastada y estaba hecha de madera. Las ventanas estaban cubiertas de triplay el cual tenía algunas fisuras por las cuales podía ver el interior de la vivienda.

Mirando por una de ellas me di cuenta que dentro de la casa no había divisiones , todo se encontraba junto.Así la cocina, las camas y el comedor ocupaban un mismo espacio.
La señora estaba cocinando mientras aquella chica tan coqueta se encontraba cerca de una de las camas, se mira en el espejo y se para “delante” mío. Se saca el polo, el sostén…estaba a punto de ver lo más íntimo de su ser, cuando la chiquilla que la había acompañado me ve  y grita: “¡ratero, ratero!”. En esos momentos no sabía que hacer, estaba totalmente asustado, pues empezaron a salir todos sus vecinos,  no atiné más que a correr desesperadamente. En segundos me vi perseguido por una turba de pobladores ,armados con palos, como si yo fuese un vil y vulgar delincuente.

¿Era a la izquierda o a la derecha?, ahora no importaba, lo importante era correr lo más rápido posible, pues aunque no miraba hacia atrás, por lo fuerte que se escuchaban sus insultos sabía que si dejaba de correr me aplicarían la famosa justicia popular.
Doblo una esquina y veo una zanja, no lo pienso dos veces y entro en ella, de un solo salto, me tapo con algunas bolsas vacías de cemento lo mejor que puedo y me quedo muy quieto para que no me descubran.
     Escondido y temblando de miedo, logre escuchar algunas palabras obscenas   que me eran dadas por mis perseguidores.  Tanto era mi temor  que me quedé como media hora dentro de aquella zanja respirando polvo y tragando arena, no vaya a ser que aun estén rondando por allí- pensé. 

    Ya seguro de que no había nadie, salí y me di cuenta que estaba cerca de un acantilado, había bajado casi la mitad del cerro, desde allí, tenia una  vista panorámica  de mi distrito. 
Eran como las 3 de la tarde, el sol quemaba, la atmósfera estaba polvosa y se podía escuchar, casi como un susurro la música chicha  que provenía del mercado que estaba allá abajo, entonces pensé:  La coquetería y la feminidad se encuentran en cualquier parte donde haya una mujer, hasta en la punta de un cerro.