Como
siempre los diarios chicha
mostraban en sus coloridas portadas calatas, muertes y más calatas. Fue en esos
momentos que noté que a mi costado se encontraba una chica de cabellos negros,
largos y lacios, que aunque de facciones finas, tenía la tez trigueña casi
marrón. Era la perfecta mestiza,
una chola power.
-
Así deberían ser todas las mujeres en el Perú- pensaba mientras la contemplaba
embelesado-.
Di
unos cuantos pasos hacia atrás para poder observarla sin que ella se diese
cuenta, allí pude notar que estaba acompañada por una chiquilla de unos 11 o 12 años
de edad, - Tal vez sea su hermana-pensé-. ¿Por qué esta atracción tan repentina
hacia esta chica?
La
miraba fijamente y con detenimiento, pues sabía que nunca más la volvería a
ver. Mi meditación fue
interrumpida por dos
sujetos con la inequívoca pinta de galanes de pollada bailable. Uno de ellos se
queda mirando de lejos, mientras que su compañero se acerca hacia la chica y le
empieza a hablar. Al parecer entre ellos hay algo más que una simple amistad ya
que la charla es muy amena y ambos sonríen y comparten miradas cómplices, como
si guardaran un secreto mutuo.
-¿Quién
es tu amigo?-Preguntaba ella con coquetería
-¿Por qué no se acerca?
-
Pero que coqueta había resultado ser esta chica –pensé yo-
Tenía muchas ganas de escuchar lo que
ellos conversaban pero no podía acercarme mucho, aunque tampoco estaba
demasiado lejos, sólo
atinaba a escuchar cabalmente algunas palabras solitarias que no poseían mucho
contenido para entender la totalidad de la charla.
Terminan
la conversación y él, aprovechando las circunstancias, le da un beso en los
labios, ella no atina a decir más que un simple y sonriente: ¡ooooooooye¡
Él se retira y ella se queda sola con
su hermana, repentinamente se da cuenta que es tarde y que tiene que volver a
su casa. Agarran su bolsa llena de cosas que han comprado del mercado y toman
el primer mototaxi que encuentran. Suben y el chofer arranca.
Me quedo observando como se va
alejando el vehiculo, intrigado por aquella chica, cuando de repente me entra
una gran curiosidad por saber donde vive, sin pensarlo dos veces, empiezo a
correr y a perseguir el mototaxi.
Mientras voy corriendo me doy cuenta
que el camino se hace cada vez más y más empinado, voy observando a la vez el
típico paisaje de un barrio de cono de Lima , casas a medio acabar, niños
jugando descalzos en las calles, gente tomando cerveza enseñando sus panzas
cheleras. Sudoroso, cansado y casi sin aire al fin veo que el mototaxi se
detiene.
Rápidamente me escondo detrás de un tanque de agua.
Rápidamente me escondo detrás de un tanque de agua.
Bajan.
El mototaxi se aleja.
Apenas tocan la puerta sale una señora que les grita por la demora, tenía un acento aquechuado, sureño, tal vez cuzqueño o ayacuchano. Entran y yo salgo de mi escondite, me acerco a la casa. Ésta era pequeña, de una sola pieza, construida con material noble y las paredes estaban sin tarrajear ni pintar. La puerta estaba gastada y estaba hecha de madera. Las ventanas estaban cubiertas de triplay el cual tenía algunas fisuras por las cuales podía ver el interior de la vivienda.
El mototaxi se aleja.
Apenas tocan la puerta sale una señora que les grita por la demora, tenía un acento aquechuado, sureño, tal vez cuzqueño o ayacuchano. Entran y yo salgo de mi escondite, me acerco a la casa. Ésta era pequeña, de una sola pieza, construida con material noble y las paredes estaban sin tarrajear ni pintar. La puerta estaba gastada y estaba hecha de madera. Las ventanas estaban cubiertas de triplay el cual tenía algunas fisuras por las cuales podía ver el interior de la vivienda.
Mirando
por una de ellas me di cuenta que dentro de la casa no había divisiones , todo
se encontraba junto.Así la cocina, las camas y el comedor ocupaban un mismo
espacio.
La
señora estaba cocinando mientras aquella chica tan coqueta se encontraba cerca
de una de las camas, se mira en el espejo y se para “delante” mío. Se saca el
polo, el sostén…estaba a punto de ver lo más íntimo de su ser, cuando la
chiquilla que la había acompañado me ve y
grita: “¡ratero, ratero!”. En esos momentos no sabía que hacer, estaba
totalmente asustado, pues empezaron a salir todos sus vecinos, no atiné más que a correr
desesperadamente. En segundos me vi perseguido por una turba de pobladores
,armados con palos, como si yo fuese un vil y vulgar delincuente.
¿Era
a la izquierda o a la derecha?, ahora no importaba, lo importante era correr lo
más rápido posible, pues aunque no miraba hacia atrás, por lo fuerte que se
escuchaban sus insultos sabía que si dejaba de correr me aplicarían la famosa
justicia popular.
Doblo
una esquina y veo una zanja, no lo pienso dos veces y entro en ella, de un solo
salto, me tapo con algunas bolsas vacías de cemento lo mejor que puedo y me
quedo muy quieto para que no me descubran.
Escondido y temblando de miedo, logre
escuchar algunas palabras obscenas que me eran dadas por mis
perseguidores. Tanto era mi temor que me quedé como media hora dentro de
aquella zanja respirando polvo y tragando arena, no vaya a ser que aun estén
rondando por allí- pensé.
Ya seguro de que no había nadie, salí y me di cuenta que estaba cerca de un acantilado, había bajado casi la mitad del cerro, desde allí, tenia una vista panorámica de mi distrito.
Eran
como las 3 de la tarde, el sol quemaba, la atmósfera estaba polvosa y se podía
escuchar, casi como un susurro la música chicha que provenía del mercado que estaba
allá abajo, entonces pensé: La coquetería y la feminidad se
encuentran en cualquier parte donde haya una mujer, hasta en la punta de un
cerro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario