martes, 5 de mayo de 2015
Independencia.
Aquel día se escuchaba el sonido de los cañones dentro de un ambiente que olía a polvora. Unos 200 hombres entraron a sangre y fuego a la -hasta ese entonces- inexpugnable fortaleza. El VI Conde de San Juan de Lurigancho -el último de una familia noble limeña, dueña de grandes extensiones de tierra, explotadores coloniales que ahora veían perdidos todos sus privilegios, por algo llamado la independencia - se encontraba tendido en el suelo junto a otros. No fue necesario disparar un solo tiro.Todos, hace unas horas antes,habian muerto de escorbuto.
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